"Cómo lo vive el tío"
Tal y como lo he visto, el principal mérito y defecto del así llamado Boss es su capacidad para llegar a 40.000 personas. Mérito por razones obvias, que Jesucristo seguramente tendría menos audiencia que él…
Defecto, por igualar a esas 40 mil almas por lo bajo, planteando un discurso lleno de clichés rock que tanto pueden satisfacer al musiquero curtido (ese al que le arranca la sonrisilla por los recuerdos de juventud) como a gente sin ningún interés en la música (el 90% del aforo, me temo).
Aún así, al cínico y sarcástico el show de Spingsteen le desarma el chiringuito. Porque, por cada carrera ridícula había un detalle de clase, por cada mirada a cámara había un punteo de Nils Lodgfren, y los cientos de estribillos sonrojantes se veían compensados con un sólo acorde de Thunder Road.
En el haber ponemos también que todo ello se sustente casi exclusivamente en la música, sin mayores artificios que los propios truquitos escénicos. El dominio mediático de Springsteen me parece meritorio, sabiendo actuar tanto más para la cámara que para el público directo, y dirigiendo un espectáculo de “autenticidad” perfectamente milimetrada.
De todas formas, el debe sigue siendo muy grande. Y aunque radique más en sus seguidores que en el propio Bruce, algo pondrá éste también de su parte para atraer a su música a la gente más GRIS del universo conocido. No se puede evitar la sensación de que toda esa gente ha asistido, en lo que podría ser una viñeta de El Roto, a comprar su dosis anual de autenticidad, lo cual da bastante risa.
Cosillas en las que me he fijado durante el concierto (el coñazo de 3 horas y canciones interminables da para mucho):
- Las pantallas verticales / horizontales rollo iPhone: la alta definición más alta que pueden imaginar estos ojitos. Tremebundas.
- Las mangas de la camisa de Bruce: ¿por qué a mí, que me toco los cojones 25 horas al día, siempre se me bajan, y a él le aguantan impertérritamente?
- Los momentos en las plataformas junto al público. Ese instante en el que se arrodilla dándoles la espalda era la puta escena de Zombies Party en la que los zombies trincan al de gafas. Por Dios, qué grande habría sido un secuestro express por la independencia de Bidebieta o así…
- Y ya que va de cine la cosa, la carrera de 40 metros para luego tirarse de rodillas ha sido un poco como el perro sanbernardo Beethoven a cámara lenta, con los mofletes haciéndole olas.
- Las chavalitas de primera fila. Grandes los realizadores.
- Little Steven con una guitarra VOXX. Homenaje a los oyentes de su programa seguramente, porque no creo que haya sido a las hordas de compradores de Bomp! que había en el público.