Love bites

16 October, 2007

20:50. Línea H-1, dirección San Juan.
Al subir al autobús, algo atareado, con la cartera en la mano, el ipod en la otra y el móvil agarrado con el hombro, me siento en una de las cuatro o cinco plazas a las que acostumbro. La zona de 4 asientos enfrentados es de las pocas que permite estirar las piernas.
Normalmente vacía, hay sentada esta noche una chica de unos 30 años. Bastante guapa, vestido verde uva y un cruce elegante de piernas sin medias. Huele bien. Cualquier otro día habría dedicado el viaje a contemplarla escondidamente, pero llevo 11 horas de trabajo a cuestas y no me apetece cargar con ninguna frustración más por hoy. Así que me dedico a elegir qué escuchar (con esto le pongo banda sonora a la historia: Faris Nourallah).

En la siguiente parada un hombre que ronda los 35 se une a nosotros. El pequeño habitáculo no es tan cómodo ya, y para no molestar a la chica, que está a su lado, se ladea un poco hacia el pasillo. Intenta distraerse con un tubo de papel que lleva entre manos, pero en una de las curvas se desliza un poco, y toca el brazo de ella. Por supuesto, en ese momento él se ha mostrado como un digno miembro de nuestra sociedad: rápidamente le ha pedido perdón, y a otra cosa mariposa. Pero aquí es cuando la historieta da un giro inesperado (para ser Donosti): ella le ha contestado con una amplia sonrisa.

De ciegos sería no ver que el chico no se esperaba esto. Quizá ni se había fijado en ella. Tras dudar un poco, como queriéndose armar de fuerzas, se vuelve a dirigir a la chica, y ella vuelve a regalarle una sonrisa, acompañada de algún comentario. Por menos de eso otros se enamoran, pienso.

La situación entre ambos comienza a ser incómoda, luchando contra su propia timidez, la rutina vital de cada uno, que seguramente les diga que conocer a alguien en el autobús es de locos. Ella saca un libro, intenta leer, a la vez que le mira de reojo. Pero él no se da cuenta, mira hacia el otro lado pensando cómo afrontar la situación. El libro es la excusa perfecta. Intercambian un par de frases al respecto. Se vuelven a sonreir. Pero, a no ser que hagan por remediarlo, esta historia tiene caducidad temprana, y ambos lo saben. Probablemente, en estos dos últimos minutos, él haya fantaseado con qué pasaría si dejase pasar la parada. Y seguramente le haya dado vértigo. Así que antes de llegar a Pasajes pulsa el timbre, se levanta, y mientras le dedica un último comentario, se baja del autobús. Seguramente se habrá sentido asquerosamente solo cuando ha pisado la acera.

¿Y qué pinto yo en todo esto? Nada, como siempre. Observar y observar. Y darme cuenta de que el hombre, pese a su fracaso de voluntad, al menos le dedicó cuatro frases más de las que podría haber dicho yo.

Tags:

Comentarios (4)

 

  1. loveof74 says:

    mu bonita la historia

  2. Anonymous says:

    Patas:
    Muy bonita.

  3. narsil says:

    crack

  4. Anonymous says:

    Hay un cortoclavado a tu historia,con coque malla y maría barranco…

Deja tu respuesta